Aunque los muros estaban bien conservados, el tejado y el interior eran antiguos y estaban dañados por el abandono. Las humedades eran importantes y no había luz ni agua. Pero Annick y Koen, una pareja belga, comprendían el potencial del edificio. Estaban enamorados de la borda y deseaban rehabilitarla respetando su esencia. Su sueño era crear una casa de vacaciones para disfrutarla en cualquier época del año. Un lugar propio, en un rincón remoto y aislado, para relajarse inmersos en la Naturaleza.
Ahora Borda Buil es una casa de vacaciones encantadora y acogedora. A pesar de estar aislada, es autosuficiente y dispone de todas las comodidades. Un refugio que la familia disfruta tanto en verano como en invierno.